sábado, octubre 3

My Life Without Me, Hospice, Duraznos en Almíbar

Esta tarde estuvo muy movie-album-food.

Desperté a las dos p.m. después de dormir por seis horas totalmente alcoholizada. La noche anterior mezclé cerveza, vodka y whisky como preparatoriana alocada y toda la tarde me sentí terrible. Tenía años que no tomaba tanto durante tanto tiempo. En fin, desperté totalmente devastada, sola, con dolor de cabeza y mucho calor. Las sábanas estaban tibias, cosa que odio cuando tengo calor, pero no tenía ganas de levantarme de la cama. Luego empecé a sentir una necesidad realmente imperiosa de comer. No había nada en el refrigerador, como siempre, y tuve que llamar para pedir una pizza. En la parte de atrás del menú venían los postres y recordé cuánto me gustaban los duraznos en almíbar de niña. Pedí duraznos en almíbar.

Quería volver a dormir, pero pensé que sería trágico que el repartidor viniera y yo no fuera capaz de escucharlo porque a veces caigo en un sueño muy pesado. Pensé que lo mejor sería poner una película y revisé la repisa de DVDs.



Tenía un par de películas que seguían emplasticadas tras haberlas comprado en alguna ganga: Japón y My Life Without Me. La primera me pareció densa para el momento y la segunda, perfecta. Quité el plástico (qué terrible que ya no siento la emoción de antes al romperlo. Me sigue alegrando mucho hacerlo, pero no es como cuando no podía comprar muchas películas y solo juntaba lo suficiente como para tres al año. Eso sí era emoción, un gran evento. Con el tiempo, las cosas que más disfrutamos pueden llegar a volverse triviales) y la puse en la computadora.

No creo que sea una gran película. No me satisface el desempeño de los actores. No me parece tan buena la historia. Sin embargo, My Life Without Me me gusta muchísimo. Me encantan sus lugares comunes descarados, la abierta cursilería, el sentimentalismo inmediato. Me conmueve la inocencia con la que Anna acepta la inminencia de su muerte. Creo cualquier cosa que active mi conciencia de la conciencia de la finitud me destroza.

La protagonista también sale en el remake de Dawn of the Dead. La que sale de estilista del personaje de la protagonista es la francesa que Bruce Willis se da en Pulp Fiction. Mark Ruffalo es sencillamente encantador.



Lloré y lloré y comí duraznos en almíbar. Después puse Hospice de The Antlers para continuar con mi miseria. Llevo días intentando escribir algo sobre ellos. He leído entrevistas, visto videos, consultado todo tipo de material. Simplemente creo que es una de esas bandas que la gente necesita escuchar, aunque no lo sepa. Pero no puedo escribir absolutamente nada. Hice una reseña para Warp que creo que ya no va a salir, pues alguien más reseñó el disco. No me gustó lo que escribí porque está como inerte, pero este fragmento es claro: "Hospice es una conmovedora descripción de la tragedia que representa perder a alguien a quien se ama, nadie pudo haberlo descrito mejor: You're screaming, and cursing, and angry, and hurting me, and then smiling, and crying, apologizing".


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El siguiente fin de semana volveré a ver a JuanRa después de un mes de separación. Sin duda ha sido una de las épocas más difíciles y confusas de mi vida, sin duda ha sido la más dolorosa. Estar lejos de él provoca todo tipo de cambios químicos y espirituales en mí y he llegado a la conclusión de que simplemente no podría vivir sin él. No imagino una vida en la que JuanRa no exista y no soporto la idea de la posibilidad siempre latente de su muerte o de la mía.

La conciencia de la finitud se convierte en terror cuando se ama tanto a alguien.


martes, septiembre 22

Pasó en la sala de una casa que no era mi casa



Anoche soñé que estaba con Adriano, uno de mis sobrinos, en la sala de una casa que no era mi casa. Él tenía en las manos una de esas cosas que traen jabón para hacer burbujas. Lo veía agitar el arito dentro del jabón, listo para soplarle. Yo no quería dejar que lo hiciera porque recordaba la decepción que me provocaba de niña que las burbujas se reventaran cuando mis manos las alcanzaban. Me hacía sentir que mientras yo estuviera cerca o tuviera contacto con las esferitas brillantes, las destruiría; entonces hacía lo posible por que Adriano no padeciera lo mismo que yo. Pero de todos modos lo hacía, soplaba hacia arriba y las burbujas salían multiplicadas instantáneamente. Veía cómo el niño se estiraba para tocarlas y me preparaba para consolarlo después de la desesperación que sentiría por alcanzar y destruir. Alcanzar y destruir.

Adriano estiraba los brazos y recibía las burbujas en sus manos. Dos, tres, cuatro burbujas se iban acumulando en las palmas de sus manitas. Yo estaba impresionada. Tenía ganas de intentarlo, de ver si yo también tenía la capacidad de retenerlas. Lo intentaba.

Colocaba mi mano con la palma hacia arriba y lograba sostener una burbuja perfecta. La analizaba: era de un material pegajoso, una repugnante masa de plástico.

La dejaba caer al piso, arrepentida de haberlo siquiera intentado.

domingo, agosto 23

Walter Mitty-ing


Traducía el material adicional de un DVD de cierta película la semana pasada. El guionista (muerto hoy en día) contaba que el género con el que él disfrutaba trabajar era una cantera infinita que le daría dinero mientras viviera (evidentemente, eso se acabo para él jaja). El cine de catástrofes -explicaba- llamará la atención siempre en la medida en que la humanidad es irremediablemente morbosa, al mismo tiempo que cobarde y soñadora.

Nunca habrá un accidente al que no llegue una multitud de gente que quiera presenciar sus consecuencias. Por otra parte, todo el mundo quisiera ser un héroe pero es demasiado cobarde como para concretar lo que solo en sus fantasías tiene un grado remotamente ontológico*. Entonces las películas de catástrofes nos permiten satisfacer esa sed de presenciar las desgracias ajenas, ser el héroe y, en la mayoría de los casos, disfrutar del delicado encanto de la supervivencia. Las películas de catástrofes nos permiten por un par de horas desprendernos de la aburrida, cotidiana e insoportable (no voy a decir levedad del ser) existencia.

"A fin de cuentas todos somos Walter Mitties".

  • Main Entry: Wal·ter Mit·ty
  • Function: noun
  • Etymology: Walter Mitty, daydreaming hero of a story by James Thurber
  • Date: 1949

: a commonplace unadventurous person who seeks escape from reality through daydream

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Pero a veces se antoja soñar con una existencia libre de catástrofes, sobre todo las personales. Se antoja no tener que sobrevivir, no tener que padecer, no tener que soportar, no tener que salir victorioso, no tener que salir de la insoportable (no diré levedad del ser) existencia cotidiana y aburrida. A veces se antoja soñar con que la vida va a seguir tranquila y sin morbo, sin proezas, sin nada más que la seguridad de que el mundo seguirá ahí cuando despertemos.

*¿Puede haber grados ontológicos? Yo digo que sí, gracias.

Ahora escucho: The Antlers - Hospice. Y usted debería hacer lo mismo.

viernes, agosto 14

Turista


Veo a la gente bailar y me pregunto si de verdad lo está disfrutando. Lo digo porque muchas veces parece que yo estoy disfrutando algo y en realidad en mi cabeza hay toda una maquinaria que se activa para no demostrar cuánto lo estoy odiando. No es tanto que finja, sino que supongo que -como a mucha gente- me estresa el no encajar y me esfuerzo por lograr ser parte del momento. Entonces quizá sea un acto mucho más honesto y entregado que el hecho de gozar algo "sinceramente", porque uno no se embriaga del mero goce, sino que racionalmente decide dar a entender al otro -alguien relevante- que su compañía le resulta placentera. También a veces simplemente la paso bien.

Es solo que me gusta guardar una distancia entre la felicidad colectiva y yo. En muchas ocasiones por fascinación, en otras por envidia y finalmente por pura curiosidad. Veo a la gente bailar y me resulta por demás inquietante. Intento imaginar en qué están pensando, si se dan cuenta de que los estoy analizando o si están en alguna clase de trance. Recuerdo cuando mis papás bailaban de jóvenes, cómo todos los demás esperaban que yo también tuviera una inclinación a hacerlo. Ellos bailaban muy bien, a mí siempre me pareció una actividad molesta y altamente desagradable.

No solo me inquieta ver a la gente bailar. Frecuentemente me incomoda una gran parte de las actividades sociales en general; por ejemplo, el pasar de ser un desconocido a un conocido. Cuando acababa de entrar a la facultad de filosofía hablé con una chica que me pareció muy adecuada para tenerla cerca como amiga. Siempre he sido torpe para mantener conversaciones con otras mujeres y no quería estropear esta amistad en potencia desde tan temprano. Sabía que teníamos muchas cosas de qué hablar, pero no me atrevía a tocar ningún tema si ella no lo hacía primero. Así, durante meses, me angustió mucho estar sola con ella porque no quería que me encontrara poco interesante. Me reía de sus chistes y me interesaba en sus pláticas. A la gente le gusta eso. A veces hablaba con el tipo de expresiones que ella usaba. Todavía hoy en día las uso, pero ahora ya puedo decir que se las copié a mi amiga. Solo tuvieron que pasar siete años.

No sé por qué me aterra tanto el quedar fuera de lo que está sucediendo, el parecer un alienígena temeroso de ser descubierto y de los análisis que todos querrían practicarle después de quedar desnudo con su naturaleza ajena. Antes solía repetirme en la cabeza que no había pedo con ser el perpetual outsider, la turista en mi propio mundo; pero la verdad es que siempre estoy intentando no quedarme fuera. Sí hay veces en las que siento que casi lo logro. También hay veces en las que siento que el teatrito no está funcionando y que pronto empezará caer la lluvia de jitomates furiosos.

viernes, agosto 7

Woman sleeping, Man dying.

Mi sueño efectivamente fue intranquilo. Soñé que entraba a un departamento donde había un hombre muerto, veía tanta sangre que yo asumía que lo habían asesinado. En vez de llamar a la policía buscaba en sus bolsillos y me llevaba su cámara y su iPod. La culpa me carcomía, pero estaba más preocupada por revisar las funciones de la cámara. Zoom, image enhancing, culpa. Sabía que si la policía tuviera estos elementos podría esclarecer más rápidamente el crimen (no el zoom, image enhancing y la culpa, sino el iPod y la cámara), pero no quería entregarlos. Desperté cuando estaba a punto de revisar las fotografías de la memoria, que supuestamente habían sido tomadas antes del asesinato. Buen sueño.

Luego abrí los ojos y vi que había dejado un DVD en la compu, se reprodujo toda la noche porque eran capítulos de una serie. Sentí ganas de escuchar a Morrissey y me di cuenta de que solo tengo uno de sus discos físicamente. Qué pena. Así que este fin de semana será el fin de semana en el que compraré lo que sea posible encontrar de su discografía. En especial espero conseguir Your Arsenal. Con albur.

jueves, agosto 6

Del pie torcido a la inconsciencia vecinal

Uno ya debería saberlo: Ningún día que empiece con un pie torcido puede terminar bien.

Al pie torcido siempre le puede seguir una feria de posibilidades: más dolores corporales, malestares estomacales, estrés laboral... Comida que no se antoja (que resulta casi repugnante), un tenedor de plástico que se rompe, sopa que se derrama en la blusa blanca y deja un rastro de miseria que va del pecho al seno y que parece decir: "Sí, es un mal día y como si eso no fuera suficiente, coloco esta mancha que da fe de mi torpeza y patetismo".

A estas alturas uno ya debería saberlo: La culpa no es del pie torcido ni de la sopa. Como tampoco es culpa de los vecinos que las paredes de los departamentos de Tlatelolco permitan que todo pase de un lado a otro: gemidos, lloriqueos, festejos, diálogos de televisión, diálogos de radio, música, "música", "gemidos".

Lo único que quiero es dormir y los vecinos y su inconsciencia (oh, con que de ahí viene el título del post, qué poco predecible) se interponen entre un sueño intranquilo y yo. De cualquier forma, seguramente si lograra dormir pasaría algo de estatus "cereza en el pastel" y temblaría y moriría aplastada o algo. Mejor la inconsciencia de los vecinos.

Y es que a estas alturas uno ya debería chingado saberlo: Ningún día que empiece con un pie torcido puede terminar bien.



Haz tu magia, Morrissey.

viernes, junio 26

Cabrón, cabrón

Esta foto no viene al caso y qué.


El título es una canción que traigo pegada desde hace días, gracias a Juanri 'el tati' Urrusti. No quiero que se me despegue, así que no dejo de cantarla y de pensarla. Camino y pienso cosas al ritmo de cabrón-cabrón. Llovió-llovió. Yo-ya-me-voy. Y así. Ayer salí de trabajar a medianoche. No tenía dinero para el taxi, así que tuve que correr para alcanzar el último metrobús. Como si mi miseria no fuera suficiente, comenzó a llover sobre mi patética vida. Llovió-y-llovió. El clima se-la-mamó. Así traigo pegada la canción. I don't wanna fight, I wanna get along with you... Es lo único que me sé aparte de cabrón-cabrón. Entonces son las palabras que de repente se escapan sin que yo quiera (el cabrón-cabrón nunca se me sale porque me incomoda cantarlo frente a más gente). Cuando las canto me doy cuenta de que ya estoy un poco harta de la canción. A los cinco minutos se me vuelve a salir el mismo versito. ¿Es un versito? Ni sé. Ni modo de decir renglón o línea. Versito, mejor. Cabrón-cabrón. I don't wanna fight, I wanna get along with you. Y no se me despega.

Muero de sueño porque me la paso trabajando. No tengo para el taxi, pero me la paso trabajando. Un día antes de salir a medianoche y no tener para el taxi, salí a las cuatro de la mañana. Técnicamente era el mismo día. Sí me siguen, ¿no? Salí a las cuatro de la mañana y sí tenía para el taxi. Llamé al sitio. Me tocó un viejito platicador. Iba a 50 km/h y no se pasaba ni un alto el muy cabrón-cabrón. I do want to fight, I don't wanna get along with you. No dejaba el tema de los horarios de trabajo. Que él se avienta jornadas de hasta 20 horas. Tenía ganas de decirle que yo me las he aventado más largas, pero ante la inevitabilidad del albur mejor no le dije nada. Albur-albur.

En fin, ese día que salí a medianoche, que técnicamente fue el mismo que salí a las cuatro, pero eso fue un día antes según mi memoria cronológica, me agarró la lluvia de la que hablaba al principio. Una lluvia que parecía querer sacarme de mi miseria con pequeños golpecitos sobre mi impermeable naranja. Pensé en el escenario: salir de trabajar a medianoche y que le agarre a uno la lluvia durante las cuatro cuadras que tiene que caminar para llegar al metrobús con su impermeable naranja. Loser-loser. Sin-embargo, sentí que mi filmómetro subía a lo loco. Un filmómetro es lo que mide el grado cinematográfico de momentos en la vida. El mío explotó cuando Juanra y yo nos besamos por primera vez, hace un año y medio, aproximadamente. También cuando gané el concurso de oratoria en la secundaria diurna no. 24 Leona Vicario, donde solo estuve un año. Pero el filmómetro se regenera cuando uno ve películas sublimes, así que no hay gran pedo. Anímese a hacerlo explotar. Decía yo que mientras corría bajo la lluvia pensé que era un momento altamente cinematográfico y me detuve a sacarle una foto.



Resultó que no era tan cinematográfico. Sigue siendo pa-té-ti-co. Recordé otra parte de la canción: If you only knew that I'm just like you... No es cierto, la puse en iTunes. Pero ya-son-las-dos.

domingo, junio 21

Good ol' "I'm gonna love you forever".

Esperamos que en el mejor de los casos el amor dure mucho tiempo. A veces nos ponemos intrépidos y esperamos que dure para siempre. También existe la posibilidad de la hipérbole: Te amaré después de que muera. Como sea, el amor está siempre lleno de cosas que uno no esperaba o que simplemente no tenía planeadas. En mi caso es una pena, porque presumo de tener la capacidad de calcular la mayor cantidad de posibilidades para tener cubierta cualquier eventualidad. Mentira. Uno nunca puede preverlo todo, planear todo, controlar todo. Y sin embargo, frente a esta gran incertidumbre que es perderse por alguien, en alguien y con alguien, lo único que uno puede hacer es bajar las manos y ponerse flojito.

¿O qué? ¿Me va a dar miedo? Si ya ni miedo puedo sentir por el embotamiento de los sentidos y el absoluto deseo de perderme por él, en él y con él.

lunes, mayo 11

Agh, no puedo dormir

Vi demasiadas cosas feas hoy. Ya lo dije en Twitter, pero repito: Ver en un solo día una película de homínidos asesinos (La Tribu), un corto de una mamá fantasma asesina (Mamá) y dos capítulos de robots furiosos asesinos (Terminator: The Sarah Connor Chronicles); no puede provocarme otra cosa que insomnio. Estoy esperando que un capítulo de American Dad se termine de cargar porque necesito quitarme esta tensión. Es de esas veces que escucho que el piso truje y las tuberías silban y en el techo escucho pasos y todo me da miedo. Pero de esto algo bueno tenía que salir (bueno, no TENÍA que salir, pero pues salió) y me acordé de un cuentito que escribí hace AÑÍSIMOS y que se posteó en otro blog, pero nunca en Gracias, no. En esa época me gustó y sorprendentemente me sigue gustando ahora, así que aquí está. Un brindis por el único cuento que no me da pena enseñar aunque pasen los años. Salú.


Toda tos fuera de lo común es una persona que se ahoga con su propia saliva. Todo sonido en el departamento superior es el ruido inequívoco de un cuerpo que cae de un banco alto o que se desploma después de dar un mal paso en el baño resbaloso. Toda voz sofocada por la música en los audífonos es un grito de ayuda que no alcancé a escuchar; ahora es demasiado tarde, seguramente quien lo profirió está muerto. Toda llamada no tomada por no contestar el teléfono a tiempo es una oportunidad para sobrevivir perdida. Todo llanto infantil histérico es consecuencia de la tortura. Toda pesadilla es una premonición. Toda sombra vista con el rabillo del ojo es un fantasma. Todos los pasos oídos en las escaleras a horas inusuales son el escape de un asesino. Toda risa es consumación de un delito sangriento. Toda llamada a mi puerta es una afrenta. Toda sospecha me pone en peligro. Todo texto escrito es mi esquela suicida. Todo recuerdo está perdido.
Yo soy quien se ahoga, yo resbalé, yo pedí ayuda, yo llamé, yo lloré, yo soñé. Él huye con su risa, él tocó a mi puerta, de mí no queda sino un fantasma.

domingo, mayo 10

Mamá. Por un diez de mayo con más muertos en vida y menos cursilerías

lunes, mayo 4

Strange Fruit

De Abel Meeropol

Southern trees bear strange fruit
Blood on the leaves
Blood at the root
Black bodies swinging in the southern breeze
Strange fruit hanging from the poplar trees
Pastoral scene of the gallant south
The bulging eyes and the twisted mouth
The scent of magnolia sweet and fresh
Then the sudden smell of burning flesh
Here is a fruit for the crows to pluck
For the rain to gather
For the wind to suck
For the sun to rot
For the tree to drop
Here is a strange and bitter crop

lunes, abril 27

El dulce encanto de la supervivencia



Los que me conocen saben que soy fan de Resident Evil. Hace una semana me gasté media quincena en un Xbox, que tiene la única finalidad de -cuando vuelva a tener dinero- darme horas y horas y horas de sangre y matanza zombie (aunque ya no son zombies) (y bueno, a los zombies por obvias razones no se les puede matar). En general soy fan de los las tramas de los survival horror.

También los que me conocen saben con cuánta pasión devoro películas de suspenso -si incluyen zombies, mejor-. Y aunque no incluyan zombies, el temor y la angustia que me provoca una película es directamente proporcional a la fascinación que va creciendo en mí mientras la veo. Y es que desde siempre he sido fan de la supervivencia.

Todo esto lo atribuyo a que desde que era muy muy chavita, la muerte me ha obsesionado. No tenía ni diez años cuando ya me angustiaba la idea de morirme. Hoy la acompañan otras angustias: el miedo a envejecer, el miedo a estar sola, el miedo a morir sola. Pero creo que por eso disfruto tanto ver películas en las que la gente se enfrenta a eventos sobrenaturales que ponen su vida en peligro; ganen o no ganen, ese es un mundo aparte, imposible.

Sin embargo, no me miento ni les miento: Siento una -entre macabra e inocente- alegría por lo que está pasando en este momento. Me preocupa la gente que pueda enfermarse, me preocupa que mi familia y amigos se enfermen, me preocupa que yo me enferme. Pero lo cierto es que me despierto y espero una noticia ligeramente fatal, enciendo las televisión con la curiosidad de ver algún mensaje trágico en cadena nacional, disfruto el nudo en la garganta que se me forma al viajar en el metrobús rodeada de desconocidos.

Imagino que soy de los últimos sobrevivientes a la enfermedad que todos pueden llamar como quieran, pero que podría ser cualquier cosa y me daría igual... Es el ver las calles vacías lo que me pone así: adrenalinosa.













No conforme con la sensación de desolación y tristeza que ya puede sentirse en el ambiente, hoy tembló. Los que me conocen sabrán que soy muy sensible a los temblores: me refiero tanto al momento de percibirlos como al momento de lloriquear como nenita después de que pasan. Vivir en Tlatelolco no me ha ayudado, ahí los temblores se sienten como de 5 grados Richter más. Pero hoy estaba en la oficina y no lo sentí, solo supe que estuvo cerca de los 6 grados y lamenté un poco no haber estado en mi edificio para tener mi acostumbrado ataque de pánico. Nah, la verdad estuvo bien no tenerlo. Después los celulares no servían y me preocupé. Llegué a mi casa y encontré el polvito que se cae de las paredes cada vez que tiembla:



Y por si todo esto no fuera suficiente, a las 6:15 de la tarde más o menos se vino un ventarrón loco que tiró un árbol y rompió uno de los ventanales de la oficina (la de la imagen no es mi oficina y eso que está roto no es un ventanal). Como que quiso llover, pero ya hubiera sido demasiado. Sin embargo, se fue la luz en la colonia Florida y algunas aledañas y el panorama era más o menos este:












Para cuando llegué a mi casa [después de rozarme con la pelusa del metrobús sin tapaboca (tapaboca per RAE) ni nada así], me sentía extrañamente contenta y satisfecha. Veía la luz del sol meterse entre los edificios de Tlatelolco y pensaba en que quizá Chuck Palahniuk tiene razón: Cada generación desea ser la última. La música que me gusta ya nunca pasó de moda, no hubo más libros nuevos que leer después de que yo muriera, no hubo nuevos descubrimientos. No vi a los autos volar a cien metros de altura, pero nadie más los vio. No leí en el encabezado de todos los periódicos que la cura para el SIDA había sido descubierta, pero ya no había a quién curar. No vi a mi hijo a los ojos, pero nadie volvió a ver a sus hijos a los ojos. No descubrí una doctrina ni una religión que me satisficiera; pero los que sí adoptaron alguna se la pelaron tanto como yo. Nunca tuve mucho dinero ni fui hermosa, pero al final eso no hizo ninguna diferencia para nadie. El mundo se detuvo conmigo cuando cerré los ojos.







Sin embargo, a quién quiero engañar. Llegué a mi casa y me sentí Melvin Udall. Me lavé las manos y los brazos hasta los codos, copiosamente, luego me las desinfecté con alcohol. Me quité la ropa y la dejé en el bote de ropa sucia. Me puse la pijama, me lavé la cara y fui a abrazar a mi mamá, porque pase lo que pase, la verdad es que la idea que más me gusta es la de sobrevivir. No seré hermosa, ni tendré mucho dinero, ni veré autos voladores a cien metros de altura; pero ni por el mejor de los survival horrors en vivo renunciaría a la capacidad de imaginar, recrear, jugar en Xbox y ver en películas el temor a la finitud vencido por mi Chicago Typewriter de un millón de pesetas.

sábado, abril 25

¿Se acuerdan de esa parte

en la que Sailor canta arriba del toldo de un coche que no recuerdo cuál es y tiene una nariz toda rara porque le acaban de poner una madriza pero está muy enamorado?

lunes, abril 6

Chuck Palahniuk en Lullaby

"Experts in ancient Greek culture say that people back then didn’t see their thoughts as belonging to them. When ancient Greeks had a thought, it occurred to them as a god or goddess giving an order. Apollo was telling them to be brave. Athena was telling them to fall in love. Now people hear a commercial for sour cream potato chips and rush out to buy, but now they call this free will.

At least the ancient Greeks were being honest".

sábado, abril 4

Sofía: desastre radiofónico, trágame tierra o Someone's always spraying the air with their mood (Primera Parte)


Supongo que fue en algún momento durante el último año de secundaria y la prepa. Tal vez ya estaba en prepa 9. Mis hermanos escuchaban a Guns 'N Roses y The Beatles. A veces a Bon Jovi. La década pasada estaba por terminar y yo me sentía como cualquier (R.A. dixit) "puberta furiosa": desolada, ignorante, frágil. Mis dos hermanos leían todo el tiempo y yo agarraba de refilón los libros que iban quedando en la casa ya usados, ya violados, ya leídos. Me impresionaba todo. Sabines era el mejor poeta y García Márquez el mejor prosista. Los lugares comunes para mí todavía no eran lugares comunes y yo ni siquiera sabía qué era un lugar común. Un libro era bueno por sí mismo, no me interesaba realmente en qué estima lo tenía alguien más. Yo leía, absorbía, amaba u odiaba. Releía y atesoraba o refundía y olvidaba.

Pero lo cierto era que la música de mis hermanos me tenía podrida. Aunque solo de ellos obtenía información musical y aunque The Beatles me encantaban, estaba hasta la madre de muchas cosas noventeras. A los jóvenes lectores les cuento que en aquella época no había last fm, ni hype machine, ni blogs. O a lo mejor había algo similar, pero a mi alcance solo tenía una grabadora con am y fm y así fue como encontré todo un nuevo mundo de porquerías. Si el título de este post fuera más cierto sería Dios: Someone's always spraying the air with their mood**. El ejemplo más claro de ello es la radio. Para alguien que busca desesperadamente una guía, tener un radio a la mano puede ser un arma de dos filos. O de más.

Así pasé varios años escuchando Digital (gulp, me encantaba Friends Connection) y Universal Stereo, hasta que un día me topé con el 96.9. En esa época se llamaba W FM (desconozco el estatus actual de la estación) y había dos locutores que escuchaba siempre, uno por la tarde y otro por la noche. Pepe Campa (que ahora es locutor adulto buena onda de Universal Stereo) y Ricardo Zamora (que ahora es locutor de Ibero, entre otras cosas ñoñas que hace, como tener twitter). Así que ahí estaban ellos, con sus conocimientos en música y ahí estaba yo, con unas ganas tremendas de ser impresionada. Pero todo estos párrafos son solo para hablar del momento en el que todos ustedes, jóvenes, deben poner un alto a su afición por una estación de radio y sus locutores.

En ese entonces yo no entendía muy bien el concepto de escuchar-buena-música (no que realmente lo entienda ahora, pero por lo menos sé qué es lo que la mayoría toma por buena-música). A mí me gustaba algo y ya, sin importar si era Pink Floyd o los New Kids on the Block. Entonces yo marqué a W FM, una estación que me gustaba, para pedir Tonight, una canción de los New Kids on the Block que me gustaba. Obviamente me pusieron al aire y yo felicísima de estar ahí hablando con Pepe Campa. Decir que se burló de mí es poco, pero hay veces que uno prefiere la burla que le total indiferencia, entonces yo seguía sin colgar y felicísima.

No mucho tiempo después estaba escuchando el programa de Ricardo Zamora. Yo tenía 16, 16, 16 años. Él decía algo sobre Jaime Sabines y bueno, yo en ese momento traía de moda un libro de poemas suyos (no me dejarán mentir, a todos nos da nuestra época Benedetti-Sabines-etcétera. Casi a todos les da también por leer a Cortázar, pero a mí afortunadamente me provocó una hueva enorme desde la primera vez que abrí un libro suyo*). Entonces le llamé a la cabina y totalmente al aire me puse a leer un poema de Jaime Sabines. Me equivoqué tanto y estaba tan, tan, tan nerviosa que a la mitad del poema dije: "ya acabó". Y Zamora dijo: "¿...? ¿Pp-p-pero segura que ahí acaba?" Yo, totalmente estresada, incómoda y malvibrada le dije: "Sí, eso es todo". Hubo un silencio. Luego me dijo que qué bueno que gente tan joven como yo tuviera intereses tan profundos. O algo así.

En la segunda parte entérese de cuando marqué a Radioactivo porque Olallo Rubio me parecía una persona interesantísima. Todavía quedan más osos al aire, ¡vuelva!

*Aunque me inspiró para escribir esto, que me gustó mucho.
**Palahniuk

miércoles, marzo 4

Ermitaña y sin semilla

Where is the cave
Where the wise woman went
And tell me where
Where's all that money that I spent

Qué elegancia la de Francia con mi epígrafe.

Es posible que la vida agote. Es posible que de repente uno se encuentre cara a cara, frente a frente con el hartazgo y el tedio más insoportables jamás experimentados. Me cagan muchos de los phrasal verbs, pero hay otros a los que les he agarrado cariño: wore out. Como un zapato que alguien ya se puso mucho, pero no tiene el suficiente valor sentimental como para recordarlo con cariño y ponérselo por pura nostalgia.

Lo que me cansa es la mentada línea entre el mundo y yo. Me sigue dejando afuera, me sigue haciendo sentir como turista en mi propia vida. Y total que Morrissey todavía resuena en mi mente con su "lack of real spice in your life"; pero cuál life si yo soy un zapato muy usado, sin vida y sin sazón y totalmente alfioless.

Entonces vuelvo a sentirme exhausta y desesperada. Totalmente agotada. Hoy en una de esas pláticas de oficina a la hora de la comida, alguien mencionó cómo alguien más le había dicho a su vez en su juventud, que ya que empiezas a trabajar se vuelve casi imposible hacer cosas como renunciar o regresar a la escuela. Y sí, la verdad es que todo se vuelve una larga cadena de cosas pospuestas... Un poco como cuando se está parado en una avenida demasiado concurrida y con un semáforo eterno. La prisa y la desesperación hacen que uno piense en cruzarsealaverga. Pero realmente uno no lo hace, uno piensa: Después del último, después del último y después del chevy y después del rojo y después del metrobús y después del camión y nada más que pase el topaz y del último coche ni sus luces. Mientras, ya puso un catre al lado de la avenida, ya adaptó una mesita como escritorio, ya improvisó una letrina en lo que pasa el último coche y se puede cruzar. De repente deja de ser importante llegar al otro lado de la avenida y además ya se le agarró cariño al catre, a la mesita y hasta a la letrina y la cruzada ni para cuándo.

Pero eso no es vida, eso no es vida y eso no es vida. Eso agota. Eso hace que uno se despierte pensando en que nunca va a dejar de estar agotado y que nunca va a dejar de sentir que está harto del catre, la mesita y la letrina y que quiere cruzarsealaverga, pero del último coche ni sus luces y mejor nos quedamos igual que siempre.

Y es que a veces tengo la sensación de que estoy esperando la oportunidad de cruzar después del último. A veces también pasa que nada más tengo la sensación de que estoy esperando que pase algo que no sé exactamente qué es. Como dicen en Titanic: "wait to die, wait to live, wait for an absolution which would never come". Lo cierto es que también a veces esta espera interminable me harta, me agota y me encabrona. Hoy me siento muy puteada. Ya sáquense las semillas del ermitaño.

sábado, febrero 21

LL



A veces quisiera que los grandes secretos de la vida me fueran susurrados.

jueves, febrero 5

Querida Ciencia:

Te busqué en diferentes mix ups y nada. Cuando finalmente te tuve en mis manos no sabía si era prudente gastar más de 4oo pesos en ti, aunque fueras la edición especial. Finalmente:



Muy pronto: La fiesta para cantar Dancing Choose. Es menester que se aprendan esa canción si quieren asistir. Me imagino todo perfecto: A una hora precisa, algo así como las dos de la mañana, todos cantaremos y bailaremos juntos Dancing Choose y será el "He's a What, He's a What" más fuerte que se haya escuchado en la historia de TV on the Radio. O no, ya veremos.



Qué emoción.





jueves, enero 22

La envidia personal

Es un extraño mal que aqueja a las personas que están demasiado conscientes de sí mismas y de lo que las rodea. Es un sentimiento jodón y recalcitrante que rara vez se manifiesta en niños y adolescentes. Es un dolor de panza muy tenue, muy intermitente, pero continuo cuando se lo propone.

Es fácil identificarla: empieza cuando uno siente que ya no es lo que era. También puede percibirse cuando uno revisa creaciones -artísticas y pseudoartísticas y no artísticas en lo absoluto- del pasado. Haga el experimento, puede ser lo que sea: un dibujo en algún cuaderno, las conversaciones de messenger a altas horas de la noche, los textos perdidos refundidos en una carpeta que tiene años sin abrirse... La única regla es que tenga más de dos años de haber cobrado existencia.

La envidia personal nace y se siente en y por uno mismo. Se recuerda con extrañeza la cintura que se tenía a los 17 años, se siente cierta nostalgia por el:

¡ _____ hizo ______ y solo tiene (18 o menos) años!

La envidia personal también puede ser provocada por una época en particular, un momento, una sensación, etcétera.

Ahora, tengo una teoría acerca de la naturaleza de esta particular envidia. No es otra cosa que lo que algunos llaman conciencia de la finitud. Querido y desocupado lector, la que esto escribe no hace más que apretar y rechinar los dientes frente a la idea del paso de los años, el paso de la vida, el paso de los sentimientos, el paso de la novedad, la caducidad de la novedad, la caducidad de la belleza, la caducidad de los años, no se diga la de los sentimientos, el paso de la vehemencia, el paso del amor, la caducidad del amor, la caducidad de los etcéteras, etcétera.

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Y aunque disfruto mucho lo que vivo, aunque hoy soy más feliz que nunca, no puedo evitar recordar otros momentos, suspendidos en su calidad de pasado y por lo tanto inmortalizados de manera irremediable. No los añoro, envidio a la Sofía que los vivió y los sigue viviendo en su pretérito perfecto. Pero este instante se antoja imposible, o si posible, mortal; si mortal finito y si finito encabronantemente inasible. Sigo pensando en esa cita que ahora recuerdo imprecisamente y no me atrevo a atribuirla a algún wei incorrecto, pero dice algo así: No puedo ver una cuna sin pensar en una tumba.

Para este mal no hay cura, pero hay placebo.



viernes, diciembre 5

Hoy

Come one, come all
Into 1984
Yeah, three, two, one...
Lights, camera, transaction