viernes, junio 26

Cabrón, cabrón

Esta foto no viene al caso y qué.


El título es una canción que traigo pegada desde hace días, gracias a Juanri 'el tati' Urrusti. No quiero que se me despegue, así que no dejo de cantarla y de pensarla. Camino y pienso cosas al ritmo de cabrón-cabrón. Llovió-llovió. Yo-ya-me-voy. Y así. Ayer salí de trabajar a medianoche. No tenía dinero para el taxi, así que tuve que correr para alcanzar el último metrobús. Como si mi miseria no fuera suficiente, comenzó a llover sobre mi patética vida. Llovió-y-llovió. El clima se-la-mamó. Así traigo pegada la canción. I don't wanna fight, I wanna get along with you... Es lo único que me sé aparte de cabrón-cabrón. Entonces son las palabras que de repente se escapan sin que yo quiera (el cabrón-cabrón nunca se me sale porque me incomoda cantarlo frente a más gente). Cuando las canto me doy cuenta de que ya estoy un poco harta de la canción. A los cinco minutos se me vuelve a salir el mismo versito. ¿Es un versito? Ni sé. Ni modo de decir renglón o línea. Versito, mejor. Cabrón-cabrón. I don't wanna fight, I wanna get along with you. Y no se me despega.

Muero de sueño porque me la paso trabajando. No tengo para el taxi, pero me la paso trabajando. Un día antes de salir a medianoche y no tener para el taxi, salí a las cuatro de la mañana. Técnicamente era el mismo día. Sí me siguen, ¿no? Salí a las cuatro de la mañana y sí tenía para el taxi. Llamé al sitio. Me tocó un viejito platicador. Iba a 50 km/h y no se pasaba ni un alto el muy cabrón-cabrón. I do want to fight, I don't wanna get along with you. No dejaba el tema de los horarios de trabajo. Que él se avienta jornadas de hasta 20 horas. Tenía ganas de decirle que yo me las he aventado más largas, pero ante la inevitabilidad del albur mejor no le dije nada. Albur-albur.

En fin, ese día que salí a medianoche, que técnicamente fue el mismo que salí a las cuatro, pero eso fue un día antes según mi memoria cronológica, me agarró la lluvia de la que hablaba al principio. Una lluvia que parecía querer sacarme de mi miseria con pequeños golpecitos sobre mi impermeable naranja. Pensé en el escenario: salir de trabajar a medianoche y que le agarre a uno la lluvia durante las cuatro cuadras que tiene que caminar para llegar al metrobús con su impermeable naranja. Loser-loser. Sin-embargo, sentí que mi filmómetro subía a lo loco. Un filmómetro es lo que mide el grado cinematográfico de momentos en la vida. El mío explotó cuando Juanra y yo nos besamos por primera vez, hace un año y medio, aproximadamente. También cuando gané el concurso de oratoria en la secundaria diurna no. 24 Leona Vicario, donde solo estuve un año. Pero el filmómetro se regenera cuando uno ve películas sublimes, así que no hay gran pedo. Anímese a hacerlo explotar. Decía yo que mientras corría bajo la lluvia pensé que era un momento altamente cinematográfico y me detuve a sacarle una foto.



Resultó que no era tan cinematográfico. Sigue siendo pa-té-ti-co. Recordé otra parte de la canción: If you only knew that I'm just like you... No es cierto, la puse en iTunes. Pero ya-son-las-dos.

domingo, junio 21

Good ol' "I'm gonna love you forever".

Esperamos que en el mejor de los casos el amor dure mucho tiempo. A veces nos ponemos intrépidos y esperamos que dure para siempre. También existe la posibilidad de la hipérbole: Te amaré después de que muera. Como sea, el amor está siempre lleno de cosas que uno no esperaba o que simplemente no tenía planeadas. En mi caso es una pena, porque presumo de tener la capacidad de calcular la mayor cantidad de posibilidades para tener cubierta cualquier eventualidad. Mentira. Uno nunca puede preverlo todo, planear todo, controlar todo. Y sin embargo, frente a esta gran incertidumbre que es perderse por alguien, en alguien y con alguien, lo único que uno puede hacer es bajar las manos y ponerse flojito.

¿O qué? ¿Me va a dar miedo? Si ya ni miedo puedo sentir por el embotamiento de los sentidos y el absoluto deseo de perderme por él, en él y con él.

lunes, mayo 11

Agh, no puedo dormir

Vi demasiadas cosas feas hoy. Ya lo dije en Twitter, pero repito: Ver en un solo día una película de homínidos asesinos (La Tribu), un corto de una mamá fantasma asesina (Mamá) y dos capítulos de robots furiosos asesinos (Terminator: The Sarah Connor Chronicles); no puede provocarme otra cosa que insomnio. Estoy esperando que un capítulo de American Dad se termine de cargar porque necesito quitarme esta tensión. Es de esas veces que escucho que el piso truje y las tuberías silban y en el techo escucho pasos y todo me da miedo. Pero de esto algo bueno tenía que salir (bueno, no TENÍA que salir, pero pues salió) y me acordé de un cuentito que escribí hace AÑÍSIMOS y que se posteó en otro blog, pero nunca en Gracias, no. En esa época me gustó y sorprendentemente me sigue gustando ahora, así que aquí está. Un brindis por el único cuento que no me da pena enseñar aunque pasen los años. Salú.


Toda tos fuera de lo común es una persona que se ahoga con su propia saliva. Todo sonido en el departamento superior es el ruido inequívoco de un cuerpo que cae de un banco alto o que se desploma después de dar un mal paso en el baño resbaloso. Toda voz sofocada por la música en los audífonos es un grito de ayuda que no alcancé a escuchar; ahora es demasiado tarde, seguramente quien lo profirió está muerto. Toda llamada no tomada por no contestar el teléfono a tiempo es una oportunidad para sobrevivir perdida. Todo llanto infantil histérico es consecuencia de la tortura. Toda pesadilla es una premonición. Toda sombra vista con el rabillo del ojo es un fantasma. Todos los pasos oídos en las escaleras a horas inusuales son el escape de un asesino. Toda risa es consumación de un delito sangriento. Toda llamada a mi puerta es una afrenta. Toda sospecha me pone en peligro. Todo texto escrito es mi esquela suicida. Todo recuerdo está perdido.
Yo soy quien se ahoga, yo resbalé, yo pedí ayuda, yo llamé, yo lloré, yo soñé. Él huye con su risa, él tocó a mi puerta, de mí no queda sino un fantasma.

domingo, mayo 10

Mamá. Por un diez de mayo con más muertos en vida y menos cursilerías

lunes, mayo 4

Strange Fruit

De Abel Meeropol

Southern trees bear strange fruit
Blood on the leaves
Blood at the root
Black bodies swinging in the southern breeze
Strange fruit hanging from the poplar trees
Pastoral scene of the gallant south
The bulging eyes and the twisted mouth
The scent of magnolia sweet and fresh
Then the sudden smell of burning flesh
Here is a fruit for the crows to pluck
For the rain to gather
For the wind to suck
For the sun to rot
For the tree to drop
Here is a strange and bitter crop

lunes, abril 27

El dulce encanto de la supervivencia



Los que me conocen saben que soy fan de Resident Evil. Hace una semana me gasté media quincena en un Xbox, que tiene la única finalidad de -cuando vuelva a tener dinero- darme horas y horas y horas de sangre y matanza zombie (aunque ya no son zombies) (y bueno, a los zombies por obvias razones no se les puede matar). En general soy fan de los las tramas de los survival horror.

También los que me conocen saben con cuánta pasión devoro películas de suspenso -si incluyen zombies, mejor-. Y aunque no incluyan zombies, el temor y la angustia que me provoca una película es directamente proporcional a la fascinación que va creciendo en mí mientras la veo. Y es que desde siempre he sido fan de la supervivencia.

Todo esto lo atribuyo a que desde que era muy muy chavita, la muerte me ha obsesionado. No tenía ni diez años cuando ya me angustiaba la idea de morirme. Hoy la acompañan otras angustias: el miedo a envejecer, el miedo a estar sola, el miedo a morir sola. Pero creo que por eso disfruto tanto ver películas en las que la gente se enfrenta a eventos sobrenaturales que ponen su vida en peligro; ganen o no ganen, ese es un mundo aparte, imposible.

Sin embargo, no me miento ni les miento: Siento una -entre macabra e inocente- alegría por lo que está pasando en este momento. Me preocupa la gente que pueda enfermarse, me preocupa que mi familia y amigos se enfermen, me preocupa que yo me enferme. Pero lo cierto es que me despierto y espero una noticia ligeramente fatal, enciendo las televisión con la curiosidad de ver algún mensaje trágico en cadena nacional, disfruto el nudo en la garganta que se me forma al viajar en el metrobús rodeada de desconocidos.

Imagino que soy de los últimos sobrevivientes a la enfermedad que todos pueden llamar como quieran, pero que podría ser cualquier cosa y me daría igual... Es el ver las calles vacías lo que me pone así: adrenalinosa.













No conforme con la sensación de desolación y tristeza que ya puede sentirse en el ambiente, hoy tembló. Los que me conocen sabrán que soy muy sensible a los temblores: me refiero tanto al momento de percibirlos como al momento de lloriquear como nenita después de que pasan. Vivir en Tlatelolco no me ha ayudado, ahí los temblores se sienten como de 5 grados Richter más. Pero hoy estaba en la oficina y no lo sentí, solo supe que estuvo cerca de los 6 grados y lamenté un poco no haber estado en mi edificio para tener mi acostumbrado ataque de pánico. Nah, la verdad estuvo bien no tenerlo. Después los celulares no servían y me preocupé. Llegué a mi casa y encontré el polvito que se cae de las paredes cada vez que tiembla:



Y por si todo esto no fuera suficiente, a las 6:15 de la tarde más o menos se vino un ventarrón loco que tiró un árbol y rompió uno de los ventanales de la oficina (la de la imagen no es mi oficina y eso que está roto no es un ventanal). Como que quiso llover, pero ya hubiera sido demasiado. Sin embargo, se fue la luz en la colonia Florida y algunas aledañas y el panorama era más o menos este:












Para cuando llegué a mi casa [después de rozarme con la pelusa del metrobús sin tapaboca (tapaboca per RAE) ni nada así], me sentía extrañamente contenta y satisfecha. Veía la luz del sol meterse entre los edificios de Tlatelolco y pensaba en que quizá Chuck Palahniuk tiene razón: Cada generación desea ser la última. La música que me gusta ya nunca pasó de moda, no hubo más libros nuevos que leer después de que yo muriera, no hubo nuevos descubrimientos. No vi a los autos volar a cien metros de altura, pero nadie más los vio. No leí en el encabezado de todos los periódicos que la cura para el SIDA había sido descubierta, pero ya no había a quién curar. No vi a mi hijo a los ojos, pero nadie volvió a ver a sus hijos a los ojos. No descubrí una doctrina ni una religión que me satisficiera; pero los que sí adoptaron alguna se la pelaron tanto como yo. Nunca tuve mucho dinero ni fui hermosa, pero al final eso no hizo ninguna diferencia para nadie. El mundo se detuvo conmigo cuando cerré los ojos.







Sin embargo, a quién quiero engañar. Llegué a mi casa y me sentí Melvin Udall. Me lavé las manos y los brazos hasta los codos, copiosamente, luego me las desinfecté con alcohol. Me quité la ropa y la dejé en el bote de ropa sucia. Me puse la pijama, me lavé la cara y fui a abrazar a mi mamá, porque pase lo que pase, la verdad es que la idea que más me gusta es la de sobrevivir. No seré hermosa, ni tendré mucho dinero, ni veré autos voladores a cien metros de altura; pero ni por el mejor de los survival horrors en vivo renunciaría a la capacidad de imaginar, recrear, jugar en Xbox y ver en películas el temor a la finitud vencido por mi Chicago Typewriter de un millón de pesetas.

sábado, abril 25

¿Se acuerdan de esa parte

en la que Sailor canta arriba del toldo de un coche que no recuerdo cuál es y tiene una nariz toda rara porque le acaban de poner una madriza pero está muy enamorado?

lunes, abril 6

Chuck Palahniuk en Lullaby

"Experts in ancient Greek culture say that people back then didn’t see their thoughts as belonging to them. When ancient Greeks had a thought, it occurred to them as a god or goddess giving an order. Apollo was telling them to be brave. Athena was telling them to fall in love. Now people hear a commercial for sour cream potato chips and rush out to buy, but now they call this free will.

At least the ancient Greeks were being honest".

sábado, abril 4

Sofía: desastre radiofónico, trágame tierra o Someone's always spraying the air with their mood (Primera Parte)


Supongo que fue en algún momento durante el último año de secundaria y la prepa. Tal vez ya estaba en prepa 9. Mis hermanos escuchaban a Guns 'N Roses y The Beatles. A veces a Bon Jovi. La década pasada estaba por terminar y yo me sentía como cualquier (R.A. dixit) "puberta furiosa": desolada, ignorante, frágil. Mis dos hermanos leían todo el tiempo y yo agarraba de refilón los libros que iban quedando en la casa ya usados, ya violados, ya leídos. Me impresionaba todo. Sabines era el mejor poeta y García Márquez el mejor prosista. Los lugares comunes para mí todavía no eran lugares comunes y yo ni siquiera sabía qué era un lugar común. Un libro era bueno por sí mismo, no me interesaba realmente en qué estima lo tenía alguien más. Yo leía, absorbía, amaba u odiaba. Releía y atesoraba o refundía y olvidaba.

Pero lo cierto era que la música de mis hermanos me tenía podrida. Aunque solo de ellos obtenía información musical y aunque The Beatles me encantaban, estaba hasta la madre de muchas cosas noventeras. A los jóvenes lectores les cuento que en aquella época no había last fm, ni hype machine, ni blogs. O a lo mejor había algo similar, pero a mi alcance solo tenía una grabadora con am y fm y así fue como encontré todo un nuevo mundo de porquerías. Si el título de este post fuera más cierto sería Dios: Someone's always spraying the air with their mood**. El ejemplo más claro de ello es la radio. Para alguien que busca desesperadamente una guía, tener un radio a la mano puede ser un arma de dos filos. O de más.

Así pasé varios años escuchando Digital (gulp, me encantaba Friends Connection) y Universal Stereo, hasta que un día me topé con el 96.9. En esa época se llamaba W FM (desconozco el estatus actual de la estación) y había dos locutores que escuchaba siempre, uno por la tarde y otro por la noche. Pepe Campa (que ahora es locutor adulto buena onda de Universal Stereo) y Ricardo Zamora (que ahora es locutor de Ibero, entre otras cosas ñoñas que hace, como tener twitter). Así que ahí estaban ellos, con sus conocimientos en música y ahí estaba yo, con unas ganas tremendas de ser impresionada. Pero todo estos párrafos son solo para hablar del momento en el que todos ustedes, jóvenes, deben poner un alto a su afición por una estación de radio y sus locutores.

En ese entonces yo no entendía muy bien el concepto de escuchar-buena-música (no que realmente lo entienda ahora, pero por lo menos sé qué es lo que la mayoría toma por buena-música). A mí me gustaba algo y ya, sin importar si era Pink Floyd o los New Kids on the Block. Entonces yo marqué a W FM, una estación que me gustaba, para pedir Tonight, una canción de los New Kids on the Block que me gustaba. Obviamente me pusieron al aire y yo felicísima de estar ahí hablando con Pepe Campa. Decir que se burló de mí es poco, pero hay veces que uno prefiere la burla que le total indiferencia, entonces yo seguía sin colgar y felicísima.

No mucho tiempo después estaba escuchando el programa de Ricardo Zamora. Yo tenía 16, 16, 16 años. Él decía algo sobre Jaime Sabines y bueno, yo en ese momento traía de moda un libro de poemas suyos (no me dejarán mentir, a todos nos da nuestra época Benedetti-Sabines-etcétera. Casi a todos les da también por leer a Cortázar, pero a mí afortunadamente me provocó una hueva enorme desde la primera vez que abrí un libro suyo*). Entonces le llamé a la cabina y totalmente al aire me puse a leer un poema de Jaime Sabines. Me equivoqué tanto y estaba tan, tan, tan nerviosa que a la mitad del poema dije: "ya acabó". Y Zamora dijo: "¿...? ¿Pp-p-pero segura que ahí acaba?" Yo, totalmente estresada, incómoda y malvibrada le dije: "Sí, eso es todo". Hubo un silencio. Luego me dijo que qué bueno que gente tan joven como yo tuviera intereses tan profundos. O algo así.

En la segunda parte entérese de cuando marqué a Radioactivo porque Olallo Rubio me parecía una persona interesantísima. Todavía quedan más osos al aire, ¡vuelva!

*Aunque me inspiró para escribir esto, que me gustó mucho.
**Palahniuk

miércoles, marzo 4

Ermitaña y sin semilla

Where is the cave
Where the wise woman went
And tell me where
Where's all that money that I spent

Qué elegancia la de Francia con mi epígrafe.

Es posible que la vida agote. Es posible que de repente uno se encuentre cara a cara, frente a frente con el hartazgo y el tedio más insoportables jamás experimentados. Me cagan muchos de los phrasal verbs, pero hay otros a los que les he agarrado cariño: wore out. Como un zapato que alguien ya se puso mucho, pero no tiene el suficiente valor sentimental como para recordarlo con cariño y ponérselo por pura nostalgia.

Lo que me cansa es la mentada línea entre el mundo y yo. Me sigue dejando afuera, me sigue haciendo sentir como turista en mi propia vida. Y total que Morrissey todavía resuena en mi mente con su "lack of real spice in your life"; pero cuál life si yo soy un zapato muy usado, sin vida y sin sazón y totalmente alfioless.

Entonces vuelvo a sentirme exhausta y desesperada. Totalmente agotada. Hoy en una de esas pláticas de oficina a la hora de la comida, alguien mencionó cómo alguien más le había dicho a su vez en su juventud, que ya que empiezas a trabajar se vuelve casi imposible hacer cosas como renunciar o regresar a la escuela. Y sí, la verdad es que todo se vuelve una larga cadena de cosas pospuestas... Un poco como cuando se está parado en una avenida demasiado concurrida y con un semáforo eterno. La prisa y la desesperación hacen que uno piense en cruzarsealaverga. Pero realmente uno no lo hace, uno piensa: Después del último, después del último y después del chevy y después del rojo y después del metrobús y después del camión y nada más que pase el topaz y del último coche ni sus luces. Mientras, ya puso un catre al lado de la avenida, ya adaptó una mesita como escritorio, ya improvisó una letrina en lo que pasa el último coche y se puede cruzar. De repente deja de ser importante llegar al otro lado de la avenida y además ya se le agarró cariño al catre, a la mesita y hasta a la letrina y la cruzada ni para cuándo.

Pero eso no es vida, eso no es vida y eso no es vida. Eso agota. Eso hace que uno se despierte pensando en que nunca va a dejar de estar agotado y que nunca va a dejar de sentir que está harto del catre, la mesita y la letrina y que quiere cruzarsealaverga, pero del último coche ni sus luces y mejor nos quedamos igual que siempre.

Y es que a veces tengo la sensación de que estoy esperando la oportunidad de cruzar después del último. A veces también pasa que nada más tengo la sensación de que estoy esperando que pase algo que no sé exactamente qué es. Como dicen en Titanic: "wait to die, wait to live, wait for an absolution which would never come". Lo cierto es que también a veces esta espera interminable me harta, me agota y me encabrona. Hoy me siento muy puteada. Ya sáquense las semillas del ermitaño.

sábado, febrero 21

LL



A veces quisiera que los grandes secretos de la vida me fueran susurrados.

jueves, febrero 5

Querida Ciencia:

Te busqué en diferentes mix ups y nada. Cuando finalmente te tuve en mis manos no sabía si era prudente gastar más de 4oo pesos en ti, aunque fueras la edición especial. Finalmente:



Muy pronto: La fiesta para cantar Dancing Choose. Es menester que se aprendan esa canción si quieren asistir. Me imagino todo perfecto: A una hora precisa, algo así como las dos de la mañana, todos cantaremos y bailaremos juntos Dancing Choose y será el "He's a What, He's a What" más fuerte que se haya escuchado en la historia de TV on the Radio. O no, ya veremos.



Qué emoción.





jueves, enero 22

La envidia personal

Es un extraño mal que aqueja a las personas que están demasiado conscientes de sí mismas y de lo que las rodea. Es un sentimiento jodón y recalcitrante que rara vez se manifiesta en niños y adolescentes. Es un dolor de panza muy tenue, muy intermitente, pero continuo cuando se lo propone.

Es fácil identificarla: empieza cuando uno siente que ya no es lo que era. También puede percibirse cuando uno revisa creaciones -artísticas y pseudoartísticas y no artísticas en lo absoluto- del pasado. Haga el experimento, puede ser lo que sea: un dibujo en algún cuaderno, las conversaciones de messenger a altas horas de la noche, los textos perdidos refundidos en una carpeta que tiene años sin abrirse... La única regla es que tenga más de dos años de haber cobrado existencia.

La envidia personal nace y se siente en y por uno mismo. Se recuerda con extrañeza la cintura que se tenía a los 17 años, se siente cierta nostalgia por el:

¡ _____ hizo ______ y solo tiene (18 o menos) años!

La envidia personal también puede ser provocada por una época en particular, un momento, una sensación, etcétera.

Ahora, tengo una teoría acerca de la naturaleza de esta particular envidia. No es otra cosa que lo que algunos llaman conciencia de la finitud. Querido y desocupado lector, la que esto escribe no hace más que apretar y rechinar los dientes frente a la idea del paso de los años, el paso de la vida, el paso de los sentimientos, el paso de la novedad, la caducidad de la novedad, la caducidad de la belleza, la caducidad de los años, no se diga la de los sentimientos, el paso de la vehemencia, el paso del amor, la caducidad del amor, la caducidad de los etcéteras, etcétera.

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Y aunque disfruto mucho lo que vivo, aunque hoy soy más feliz que nunca, no puedo evitar recordar otros momentos, suspendidos en su calidad de pasado y por lo tanto inmortalizados de manera irremediable. No los añoro, envidio a la Sofía que los vivió y los sigue viviendo en su pretérito perfecto. Pero este instante se antoja imposible, o si posible, mortal; si mortal finito y si finito encabronantemente inasible. Sigo pensando en esa cita que ahora recuerdo imprecisamente y no me atrevo a atribuirla a algún wei incorrecto, pero dice algo así: No puedo ver una cuna sin pensar en una tumba.

Para este mal no hay cura, pero hay placebo.



viernes, diciembre 5

Hoy

Come one, come all
Into 1984
Yeah, three, two, one...
Lights, camera, transaction

martes, noviembre 25

Post gráfico que de todos modos necesita un poco de texto porque no soy tan buena contando historias con imágenes. Gracias.

Una foto que se me olvidó voltear, pero ¿ven la placa? Feliz cumpleaños 41, Gabrielón.



En un post anterior hablé del billar INTRO al que yo llamaría NITRO, aquí lo tienen. También sale la paleta de caramelo que los cínicos del metrobús regalan a cambio de que uno no los mande directamente a la verge por el pésimo servicio que brindan. Me gustan esas paletas.



De este wei hablé en Twitter. Fue a la fiesta de disfraces en donde tocó Sour Soul e iba de Ziploc con mota y fue el mejor disfraz de la historia del universo. En esta foto no se aprecia su grandeza; uno, porque la saqué ya muy borracha; dos, porque mi celular ni de chiste tiene flash y tres, atrás de él había un focote que provocó que la foto se viera aún más obscura. Pero en serio era un ENORME disfraz.



Luego JuanRa cumplió años y yo le regalé ese gorrito fiestero:



Luego quiso apuñalarme con su celular (estaba MUY cruda):



Pero me ama y se la pela.


domingo, noviembre 23

Frontera(s) a prueba de colmenas



Las manos se congelan cuando uno intenta escribir de madrugada. Estoy considerando seriamente comprar un calentador (en casa de eltata sirve muy bien uno que tienen en el baño: se conecta antes de encuerarse para el regaderazo y así no se siente el aire frío por la mañana). También Eri me contó algo que suena atractivo: Tener un calentador con control remoto te permite despertar cinco minutos antes y calentar el cuarto. Para cuando ya es hora de levantarte no sientes el putazo directo con la fría realidad, sino que un calorcito agradable te rodea aunque te quites las cobijas. Eso es lo que más me dificulta la levantada en estos días: El frío.

Tenía ya casi un año sin enfermarme y tómala: caí. Todo mundo se anda enfermando y siento que esto es como una pequeña derrota vulgar. Me enfermé, como muchos. Por lo menos nunca he usado Crocs.

El frío no impidió que me desvelara viendo una película que recibe mi famosa enhorabuena de pulgar sofgomery burns: Frontier(s). Tuve que pedirle a una francoparlante que me dijera cómo se pronuncia, para no andar de naca promocionándola sin saber cómo se llama.

Interrumpo el párrafo anterior para contar cómo me sorprendió mi sobrino en el 2001 ó 2. Yo creo que ni Frege podría haberme dejado tan perpleja. Un día llevé a una amiga a la casa (él tendría como un año y medio, ella no sé) y Eduardo se acercó y le preguntó: "¿Cómo se llama tu nombre?". En primera instancia parece un simple error en el planteamiento de la pregunta, pero fácilmente podría convertirse en un problema de filosofía del lenguaje. En realidad nombramos todo lo que podemos. ¿Por qué no nombrar un nombre? Por qué no decir: El nombre de ese niño es Eduardo, pero el nombre de Eduardo es-- Esto es ocioso.

Frontier(s). Últimamente he gastado lo que se dice mucho en películas. Eso es porque paso casi todo mi tiempo libre con un hombre que ama el cine. Cinéfilo es una palabra fea, él ama el cine. Es la única persona que conozco que jamás se duerme en una película por más cansado que esté o por más pinche que sea (la película). Me cae bien la gente que puede ver películas durante todo el día, solo interrumpidas por una serie de actividades vitales para el ser humano. Actividades varias.

Pero Frontier(s) la vi sola, como debe verse una película de terror. No sé qué decir que no arruine la trama para todos ustedes. La violencia puede llegar a parecer excesiva, pero no es nada que no suceda en realidad, a unos pasos de su colonia, o en su colonia, o en su país. La tortura es, el racismo es, la ira es, el amor materno es, el descontento político es, el sadismo es, la traición y la falsedad son; Frontier(s) simplemente (y no simplemente) escupe en nuestros rostros que la sangre es roja, que el dolor es humano y que la represión no cesa. La verdad es que la realidad no me gusta y que soy una gallina porque yo prefiero la ficción. Es como cuando Bart no quiere cortar el césped (césped: una de esas horrendas palabras que el doblaje mexicano nos ha heredado con los años, como "trasero", entre muchas otras palabras correctas pero inusuales-ahora usuales) y cuando llegan a la feria solamente quiere ir al simulador de cortar césped. Veo películas, pero no leo los diarios (otra palabra de doblaje mexicano).


Y aparte de todo, les pongo una foto morbosa. Por qué no.

También quería escribir sobre el regocijo que fue ver Death Proof (maravilla de maravillas), pero me congelo. Seguramente hablaré de eso en otro post. Por ahora siento los dedos entumidos. Fue un sábado largo, además me espera otra buena película.

También en el siguiente capítulo (prometo que no dejaré pasar SEMANAS), hablaré de mi primera entrevista internacional exitosa (ahora no se me olvidó prender la grabadora y afortunadamente los entrevistados eran muy amables): The Hives. Gracias, melcocha por hacerlo posible. Cuando era joven, hace unos seis años, hubiera matado por conocerlos en persona. Hoy sigo pensando que el Veni Vidi Vicious es un disco maravilloso, pero ni siquiera me dieron ganas de ir a verlos al Palacio.

Hasta aquí llego. Pienso dormir 12 horas. Quiero soñar.

jueves, noviembre 13

Ojalá todos tuvieran un mejor amigo que hiciera películas como esta:

martes, octubre 28

Hoy hablaremos de que el metrobús apesta pesado, entre otras cosas

Oficialmente me quejo de todo en Twitter, pero hoy tengo ganas de quejarme aquí también; por qué no. Es tempranón, se está streameando una película en la otra pestaña y se está subiendo un video a Facebook en otra. Tengo las manos y la nariz heladas, se nota que ya casi es Noviembre. Yo escribo "Noviembre" con mayúscula, por qué no.

Noviembre me gusta porque el clima se pone bonito. También me gustan las ofrendas y que se pongan de moda los zombies. Noviembre es el mes zombie. Se acuerdan de eso de "¿Será este el final de Shakespeare... zombie? En fin. En la oficina pusieron una ofrenda musical que estaba bastante triste hasta que a alguien se le ocurrió que agregáramos algunas fotos de nuestors difuntos musicales favoritos. Pusieron una carpeta en el common drive llamada "BANDA NECRO" en la que todos pegamos imágenes en blanco y negro de nuestros músicos muertos, que luego imprimimos. Yo puse a John.



Se me ocurrió una idea para el siguiente Día de Muertos. Por qué no hacer una ofrenda a futuro; es decir, poner un montón de fotos de gente que quisiéramos que para el año entrante estuviera muerta. Les doy mi aportación:
  • La persona que vino con la idea de hacer "rutas" en el metrobús.
  • La persona que dio el visto bueno a las "rutas".
  • Gael García*.
Pues sí, les traigo la noticia: El metrobús es caótico. Y como bien dice Cupto en menos de 140 caracteres: "El metrobús ha pasado de un medio de transporte eficiente pero saturado, a un medio de transporte completamente ineficiente y saturado". Ni más ni menos:



Este desmadre tenía lugar en Buenavista, a una cuadra de mi casa. No podía bajarme y caminar porque de Buenavista a Manuel González hay un hoyo negro de maldad y peligro y puentes y hoteles y un billar que yo siempre había creído que se llamaba NITRO, pero hoy vi que se llama INTRO. Me gusta más NITRO y así le diré.

No olviden checar las demás fotos en FlickR**.


*De no ser posible que los tres se mueran, dejar con vida a Gael, Y Tu Mamá También está padre.
**Jajaja, ni tengo FlickR.

domingo, octubre 26

We accept her.



Una de esas noches en las que seguramente estaba de vacaciones (ni mi mamá ni mis hermanos decían algo por que me quedara viendo la tele hasta la madrugada), descubrí una película en el once que se quedaría en mi memoria durante toda mi vida. Sé que yo era muy joven porque todavía no sabía de la existencia de las Noches de Clímax en Cinemax, si no eso hubiera sido lo que hubiera estado viendo. Entonces yo tenía como doce años cuando no sabía de la existencia de las Noches de Clímax en Cinemax y descubrí Freaks en el once.

En ese entonces no podía medir la magnitud del descubrimiento y solo sabía que estaba frente a algo que no me iba a dejar dormir. Pero yo siempre he sido adicta a las pesadillas, querido y desocupado lector; y mi morbo, aunado a una fascinación recién descubierta, me llevaron al final de la película. Hoy puedo decir que es una de las producciones cinematográficas más valientes, osadas y "políticamente incorrectas" que ha existido. Por lo menos que yo haya visto...

Freaks es una muestra de lo paradójica que es nuestra raza. Los que más parecen humanos son los que tienen la humanidad más deteriorada; en cambio, los que menos lo parecen son los que poseen valores más arraigados y una fraternidad que no puede romperse. Ofende a uno y los ofenderás a todos. Siempre es determinante en la formación de un grupo el hecho de compartir ciertas características y necesidades. Cuando estas son terriblemente distintas a las de la mayoría, es fácil condenar a aquellos que las comparten. Condenarlos y confinarlos.

La carrera de Tod Browning nunca se recuperó del fracaso comercial que resultó ser Freaks. Viendo el documental que incluye la película, me enteré de que no sobrevivió a la transición del cine mudo al sonoro; pero es claro que por esta producción fue altamente criticado y ya era difícil que un estudio lo apoyara. Y es que mostrar a tal cantidad de personas deformes es algo que jamás se había visto en una pantalla grande, y que dudo que vuelva a suceder. No puedo creer todavía que esta película haya sido hecha en los 30. Es una de las cosas más horrorosas y bellas que el cine nos ha dado.

Mi momento favorito de la película. Recomiendo que si no la han visto y planean verla no le den play.

jueves, octubre 23

La primera canción que bajé de Napster fue

The Real Slim Shady de Eminem.


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